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miércoles, 12 de marzo de 2025

Reflexiones

                                                        


                                                                                Imagen creada con IA


Reflexiones 

Estos últimos años están siendo como una montaña rusa en descensos vertiginosos y subidas interminables. Las emociones van y vienen en un sin fin de sentimientos confrontados. Y es que querer a alguien con cierta edad y distintas patologías médicas tiene estos inconvenientes. Se le suma que en vida exterior a esa burbuja sin tiempo que es la enfermedad, sigue y en ese hilo infinito, también ocurren cosas que pueden hacernos reflexionar sobre la vida y la muerte. 

Recientemente, a mi alrededor ha muerto una persona con al que no compartía demasiado, solo se trataba de esos conocidos de vista que se suelen saludar por educación. Este chico sin quererlo ha dejado a su mujer y dos niñas encantadoras que tendrán que seguir viviendo sin su padre. Me ha dolido en cierta manera que el cáncer se haya llevado tan injustamente a esta persona dejando a su familia rota por el dolor. No puedo más que encender una velita, de esas del IKEA y desearle desde mi humilde posición buen viaje.

Por otro lado, la enfermedad sigue a mi alrededor, de momento perdedora. Aunque quedan muchas batallas por librar todavía parece que queremos o imaginamos ver esa luz tranquilizadora.

Pero finalmente nos damos cuenta, como el caprichoso destino elige quien se queda y quien se va. Así que ¿para qué preocuparnos si no está en nuestras manos? 

Ojalá fuese tan fácil, ¿verdad?




Autora: Ana Balanzá


lunes, 21 de febrero de 2022

Dias de lluvia 



Autor: pixabay.com

Una vez en un taller que realizaba para un grupo de mujeres de encuentro y crecimiento personal, se planteó una duda sobre el comportamiento humano frente a los problemas. La mayoría afirmaba que si tienes un problema  debes estar orientada a resolverlo hasta conseguirlo, ya que si no puede terminar reconcomiéndote. El debate surgió cuando una de las asistentes preguntó- ¿Y si ello no tiene solución?, ¿Que hacemos entonces? 
En ese momento hubo un largo silencio y después de unas miradas y unas risas se me ocurrió contarlo así:

Cuando surge un problema, algo que nos inquieta o nos incomoda. Lo primero es analizarlo y  buscar una solución para eso que nos causa malestar o inquietud. Si tras meditarlo vemos que no tiene solución, o que la solución es a muy largo plazo, que es un acto o situación que no depende de nosotras, que no está en nuestras manos poder solucionar, lo mejor es observarlo como si se tratara de un día de lluvia.

Es decir, cuando tienes planeado hacer algo que te apetece mucho, te levantas de la cama con ganas e ilusión, miras por la ventana y con toda la decepción del mundo ves que vas a tener que cancelar tus planes. Por mucho que te pese y por muy decepcionada que estés. 

Al principio sentirás que todo es negativo y que no entiendes como te pasa a ti eso. A ti que llevas planeándolo tres meses, ese encuentro, con todos los detalles y ganas que le habías puesto… Sentirás decepción, impotencia e incluso rábia. Estas decaída y te sientes abatida. Estas afrontando el hecho que tus planes no van a salir como tu querías. En esta fase pueden pasar varias cosa: Que te quedes en casa lamentándote de tu mala suerte, con un pensamiento en bucle que te hará estar enfadada y frustrada durante todo el día o dias. Que pospongas la salida para otro día, adaptándote a la nueva situación. Que la modifiques para hoy, buscando soluciones alternativas y adaptadas a la nueva situación.

Todas las alternativas son válidas y nos harán cambiar el rumbo de lo que teníamos previsto, pero en ocasiones, las cosas no suceden como queríamos o deseábamos y tendríamos, para vivir con mayor tranquilidad, adaptarnos a los “días de lluvia”, es decir, a que las cosas no suceden como habíamos previsto ni en el orden en que las habíamos pensado.

Visto así, todas en el grupo,  fuimos pensando que podemos adoptar una mentalidad plástica y cambiar el rumbo de nuestras emociones negativas. Aquellas que se producen cuando algo no sale bien, cuando algo no es como esperábamos, o existen dificultades en nuestro día a día.

Se trata de afrontar, adaptarse y seguir, sin sentir remordimiento o culpa, más bien pensando que lo decidimos es lo mejor y por ende lo correcto, almenos para nosatras mismas y aunque quedarse lamentando es una opción, creo que no es la que nos situa en un plano adaptado ni inteligente.

Todas nos fuimos de aquella sesión intentando adaptarnos a este mundo cambiante y no exento de dificultades y decisiones.  Pero quizás con una mirada esperanzadora y con la certeza que la decisión final siempre está en nuestras manos.

En sesiones posteriores todas comentamos soluciones alternativas a la inmobilidad y nos retroalimentamos en la busqueda del bienestar personal y al mismo tiempo colectivo.


lunes, 23 de agosto de 2021

El gato y yo


Imagen: https://ar.pinterest.com/elbalopez36/gato-negro-dibujo/

Un día paseando, vi a un gato tumbado en la acera frente a un portal. ¿Estaba el gato tomado el sol?, ¿había el gato dejado su séptima vida en esa acera? El observar al gato tumbado, inmóvil, sin saber que es lo que le pasaba, me intrigó muchísimo, así que di un fuerte chasquido con los dedos para ver si reaccionaba y hacía algún movimiento. En silencio, después observé que ni una brizna de su pelo blanco se había movido. Pensé lo peor, seguramente le habría dado un golpe de calor, una caída fatídica des del balcón o un infarto, no sé, el gato parecía muerto, allí tendido sin más, en medio de la acera. Se me ocurrió antes de tocarlo dar un grito y una palmada para estar completamente segura que ya no pertenecía a este mundo. Que realmente el pobre gato había muerto. Tampoco obtuve ninguna respuesta del dichoso gato. Mi intriga se estaba transformando en una opinión fundamentada que verificaba, que lo que tenía frente a mi, era un difunto gato que se merecía una sepultura más digna que esa fría acera. Me convencí de que debía ocuparme del tema, ya que era yo la que lo había encontrado, así que me deshice el nudo de la chaquetilla que llevaba anudada a la cintura para poder envolver al felino y evitar un contacto directo, pues también cabía la posibilidad que hubiese muerto por alguna enfermedad infecciosa. De ese modo me decidí a cogerlo. Me acerqué para tirarle la manda mortuoria por encima y cuando le rozó su pelo escabechado, dio un brinco y salió corriendo como alma que lleva el diablo. El corazón se me iba a salir del pecho, tuve que poner las manos sobre él para calmar la ansiedad y temor que sentí. Mis ojos se quedaron abiertos como platos mirando la vigorosidad con la que el presunto cadáver había salido de su estado catatónico para causarme casi un infarto. El gato merdoso casi me convierte a mí en la difunta. ¡Vaya susto me causo!


Más tarde, indagando sobre el tema, una vecina me informó que el gato venía a comer algunas sobras, frente a su portal cada mañana y después se tumbaba a tomar el sol. También me dijo que era una gata y no un gato y que hacía un año la habían atropellado y dejado sorda. Me explicó que no entendía como todavía seguía viva la pobre...

Ya ves, lo equivocada que se puede estar al observar, juzgar y formarse opiniones en temas que no conoces...

¡Aquí lo dejo!


jueves, 3 de septiembre de 2020

Yo te esperare





Cuando se perdien las palabras, solo quedan los gestos. Cuando decidimos apartarnos del camino de alguien, solo queda esperar a que nos eche en falta, ya que nuestro última intención és molestar.

Cuando envejecemos tomamos a la paciencia por pareja y aprendemos a esperar, pero cada día, cada momento, cada instante, és un tiempo perdido, un tiempo que se va y ya no vuelve, así que cada acto de soberbia que recibimos por orgullo que no nos acerca, al contrario, nos aleja, nos entristece y nos rompe por dentro. Pero aun asi, seguimos esperando ese gesto de humildad, esa palabra, ese beso que de alguna forma lo cambiaria todo.

Dejamos tiempo para recapacitar, tiempo para madurar, tiempo para pensar. Aun sabiendo que ese tiempo se evapora para no volver y arriesgandonos a que ese deseo no se de,  a que el mismo tiempo nos borre de los pensamientos y dejemos de existir. Así que después de esperar y esperar solo nos queda pensar que ojala no sea tarde para volvernos a abrazar, ya que nuestro tiempo es finito. I la opcion de no esperar, señores, es la última de las opciones cuando hablamos del corazón, aunque estemos equivocados y lo sepamos la esperanza nos obliga a esperar para bien o para mal.

jueves, 4 de junio de 2020

Las miradas



Todavía creo que nuestro mejor diálogo ha sido el de las miradas ...

Nos robaron las sonrisas, las expresiones faciales. Ahora solo podemos mirar a los ojos de las personas e imaginar que expresan, que nos quieren decir con ellas. Entramos en un proceso de observación, donde perdimos una parte importante de la comunicación no verbal. perdimos la expresión global de la cara y la sustituimos por una mascarilla que nos empaña la emoción de lo que pretendemos decir o expresar a los demás.

Hoy en día se puede pasear por la calle e ir hablando solo, se puede mascar chicle con la boca abierta, se puede tirar besos, se puede sacar la lengua, se puede caer la baba, incluso se puede ir mordiéndose los labios. Todo queda camuflado tras el disfraz. 

Hemos perdido la expresión facial y con ella una parte que es la expresión emocional, ya que nos cuesta identificar el estado de la persona que tenemos enfrente, en la cola del supermercado, en la entrada a una tienda, en el cruce de miradas callejeras, etc. Es decir, si está triste, si está sonriendo o esta con morros. Ahora solo podemos ver los ojos y aunque dicen que los ojos son la expresión del alma, quizás hemos dejado de ver el reflejo de su significado.

sábado, 16 de mayo de 2020

Adaptación al medio

¿Nos cuesta adaptarnos?


Es curioso que la mayoría de las personas, por no decir todas, cuando se acerca el cambio de estación, por ejemplo, de la primavera a verano, guardamos la ropa más gruesa y de abrigo y ocupamos los cajones del armario con ropa mas fresca y vaporosa, para los días de mas calor. Es un trabajo que no nos cuesta ningún esfuerzo hacerlo e incluso nos ayuda a mantenernos al día de las tendencia de la moda. 
Nos obliga a deshacernos de aquello que se nos ha quedado anticuado, grande o pequeño y en ese momento hacemos una revisión de como estamos físicamente a comparación del año anterior. También nos ayuda a hacer una previsión de las compras que haremos durante esa temporada.



Pues bien, una cosa tan simple y tan práctica como es hacer el cambio de ropa según la temporada del año, supone una invitación a una adaptación al medio que hacemos sin ninguna dificultad. Lo tenemos archivado como una necesidad de cambio en correlación a las necesidades de temperatura. Es decir sentimos que el calor se acerca y nos adaptamos. Así de sencillo.


Sería deseable poder adaptarnos así de fácil a todas las sensaciones que nos produce el medio y tener las herramientas para cambiarlo, sin ni siquiera pensar en ello como una búsqueda de soluciones. Intentaré explicarlo con ejemplos: si tenemos sed, bebemos agua, si tenemos calor, nos desabrigamos, si tenemos hambre, comemos. Todo ello, son sensaciones físicas que nos dan pistas de lo que el cuerpo nos pide, de lo que el cuerpo expresa como por ejemplo cuando nos suenan las tripas por hambre, nos queda la boca seca por sed o sudamos por calor. Tenemos una representación física del cuerpo que nos empuja a tomar decisiones para poder saciar las necesidades expresadas. 

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando la expresión de esas necesidades no es visible? quiero decir, ¿que ocurre si solo nosotros podemos notarlas? Por ejemplo como  ocurre con la ansiedad o con el estrés. Está demostrado científicamente que existen una substancias en nuestro cerebro que se modifican según la emoción que sintamos y tienen mucho a ver con las que ya conocemos, la dopamina, la noradrenalina, el cortisol.... Podemos considerar que la segregación de una substancia y no de otra cambia nuestro estado y capacidad de afrontación e interacción con el medio. Así ocurre cuando sentimos miedo a ser juzgados por terceros, estamos potenciando una emoción, el miedo que es creada por la percepción de que nos están juzgando y eso nos aterra ya que nosotros mismos no nos consideramos válidos. Esa interacción con el medio y esa falta de capacidad de afrontación, nos produce entre otros ansiedad y frustración, así que las substancias que segrega nuestro cerebro podemos considerarlas acciones fisiológicas que nos producen manifestaciones físicas, el cuerpo nos envía unas señales que hacen que nos pongamos en plan de alerta, sudoración en las manos, tartamudeo, retraimiento, temblores... pero bien al contrario a las anteriores, estas no somos capaces de resolver con tanta eficacia. Es un acto innato y de pura supervivencia atender a las cuestiones mas físicas como la sed, el hambre, el calor o el frío. Pero atender a las cuestiones psicológicas de alguna manera también tendría que considerarse de supervivencia ya que muchas de ellas entrañan dificultades que pueden empujarnos  a acabar con nuestra vida, así seria el caso de una persona que sufriendo una depresión grave llegó hasta el suicidio, terminando con su vida.

https://bloghogar.com/
Modificada: Ana Balanzá

Quizás la clave sería incorporar una educación basada en el conocimiento del propio ser, de la propia persona, de lo que ocurre por dentro y se manifiesta por fuera mas allá de las necesidades básicas de supervivencia. Quizás nos daríamos cuenta que las personas podemos adquirir habilidades para aprender a  gestionar el estrés o la frustración de una forma mas eficaz para nosotros mismos y los que nos rodean. Quizás no deberíamos esperar a que estrés se convierta en nocivo o el miedo en una fobia o la tristeza en una depresión. 
Quizás podríamos preocuparnos para saber adaptarnos igual como lo hacemos al cambio de ropa, de una forma natural a los cambios del entorno y del medio. Quizás la educación debería formar a personas con la capacidad de adaptación mucho más amplia mediante el conocimiento del funcionamiento interno físico y por supuesto psicológico. 


Pero claro, todo ello se enmarca en una visión personal que lo que pretende, es la reflexión y al mismo tiempo generar ideas, fomentar la visión crítica constructiva de lo que es la educación de las personas en su vertiente mas amplia. Todo ello con un quizás y una esperanza de cambiar la visión que tenemos sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea.


Ana Balanzá

Que bien se está en casa!

En estos tiempos de incertidumbre que nos ha tocando vivir, nos están alejando de lo que habiamos planificado al inicio del 2020, nuestros objetivos, nuestros planes, nuestras metas...etc. Así mismo, nos ha alejado de nuestros hábitos y rutinas, no solo en lo personal, si no también en lo social. Cosas tan sencillas como cruzarnos con alguien por la calle se han convertido en un hábito poco saludable y peligroso que se  transforma en miedo, miedo al contagio de algo que difícilmente podemos controlar. Aún así, persiste la necesidad de abrazos, caricias y reencuentros con los nuestros a los que echamos de menos cada día. Y es que somos una cultura de contacto, de vermut y cervezita, de abrazos y besos. Todos y todas estamos renunciando a mucho por salvaguardar nuestra propia vida y a de los demás y esto es un gesto que nos define y habla por nosotras mismas.

Desconozco totalmente si hemos tenido oportunidad de control sobre lo que esta pasando o no y llegados a este desconocimiento la verdad, es que tampoco pienso que sea determinante para poder encauzar nuestra vida, hacer cualquier otra cosa que no sea seguir las recomendaciones de los especialistas, los epidemiólogos me parece un salto al vacío sin paracaídas.

En nuestra vida anterior, quizás  algunos, estaban enfrentado batallas que ahora ven como lejanas, improductivas, con perdida de importancia. Es más, los problemas de antes los vemos ahora como simples dificultades.  Otros en estos momentos estarán tomando decisiones de cambio y habran aprovechado este tiempo de confinamiento para la reflexión y para enfocarse en los cambios que desean hacer cuando todo esto termine. 
Cuando tomamos decisiones, debemos analizar todo cuanto nos rodea, poner los pros y los contras en una balanza y hacerlo de una manera consciente y responsable, sin caer el utopías ni catastrofismos. Frente a este análisis nos situamos cara a cara con la difícil tarea de decidir, con la ansiedad que nos puede producir equivocarnos tomando malas decisiones y todo ello, se puede estancar en nuestro pensamiento llevándonos a anticipar situaciones aterradoras, que no harán otra cosa, que mermar nuestra salud haciéndonos enfermar.
La ansiedad anticipatoria, nos sitúa en un futuro incierto lleno de caos en el que todo es preocupante y oscuro. En el bucle ansioso, nos nos sentimos asfixiados en el extremo más estrecho y nos dejamos absorber por nuestros pensamientos más destructivos. Dicha ansiedad que anticipa  y predice la catástrofe futura, no nos deja ver ni el presente, ni el aquí y ahora. Así mismo, nos cierra la puerta a vislumbrar alguna luz, alguna señal positiva futura. Estamos intaurados en un autoengaño que nos comprime sin saber si ciertamente pasara lo que estamos prediciendo. 
Este pensamiento, hace que nos preocupemos en exceso y de forma irracional,  frente a las dificultades que vemos que se nos acercan y que no podemos combatir. Ello no nos ayudará. Pero si es cierto, que estar preocupado es legítimo y más en esta pandemia que estamos viviendo.

Siendo realista, después del confinamiento, habrá personas que se queden sin trabajo, negocios que verán su decapitación cercana, asociaciones sin subvenciones y una vez más, una profunda brecha entre la pobreza y la riqueza. 

Nos quejamos de estar en casa. Todos por norma general tenemos ganas de salir y recuperar nuestra libertad  pero, sin animo de ser catastrófica, vamos hacia una dificultad mucho mayor que  la de quedarse en casa, ella, no es mas que la antesala a la crisis social,  financiera y económica que se avecina. Debemos estar serenos, sin ansiedad,  preparados y no pecar de ingenuidad, ya que sabemos que a lo largo de la historia las pandemias han dejado una gran huella a su paso, o más bien dicho un profundo surco: lo primero la cantidad de muertes con las que se ha cebado y después la desolación y la decadencia de haber absorbido parte de la energía humana y la económica del país y de los estados. 

Con todo ello y sin ánimo de ser cruel, esta pandemia a la que de momento estamos sobreviviendo, no va a ser como un temporal de lluvia y viento, que también lo hemos pasado y casi olvidado, esa enfermedad que nos ataca con tanta dureza va a dejar una herida por cicatrizar que nos va a llevar tiempo y esfuerzo curar. Pensar que cuando termine el confinamiento todo va seguir donde lo dejamos, puede causarnos esperanzas, pero en el fondo, todos sabemos que no es cierto. Lo dejamos en un punto y cuando regresemos vamos a estar en otro, si en que podemos volver al punto, claro está. Como antes comentamos, las utopías pueden hacer tanto daño como el catastrofismo. Una posición realista y generando nuevos horizontes, en mi opinión, es la más adaptada a estos tiempos extraños. Ser realista a veces es ser cruel. Siempre he preferido la verdad y ¿tu?.

Por ello, cuando escucho la frase "ya queda menos", en vez de alegrarme me recorre un escalofrío por la espalda, por que si, queda menos para alejarnos del colapso hospitalario, para alejarnos de un contagio masivo, para salir a la calle. Pero también, para enfrentarnos a una nueva realidad que se esta dibujando y de la que nadie habla, la vuelta a la normalidad no va a ser  tan normal, no podemos volver a lo que ya no esta, no podemos volver a lo que ya no nos espera o donde ya no hay cabida para nosotros. La vuelta a la normalidad va ha estar repleta de retos, de modificaciones y de lucha, sobretodo para los mas vulnerables, los colectivos que mas sufren cuando todo falla.  

En una ocasión escuché que "la crisis agudiza el ingenio". Bien, pues anticipemonos a ello y vayamos innovando, ya que la que se avecina va a ser todo un reto humano. No para volver a lo de siempre, no para volver a reconstruir lo que de alguna manera nos ha destruido, sino que esta pandemia nos brinda la oportunidad de construirlo algo nuevo, de cambiar el presente y también el futuro  para no caer una y otra vez, en la creencia errónea de que la economía mueve el mundo. Somos tu y yo quienes lo movemos. No lo olvides  

viernes, 2 de noviembre de 2018

La Opinión cuenta

La opinión cuenta
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       Imagen: Stoklib

                                                             
Me pregunto cuanta importancia damos a los que los demás piensan de nosotros y, lo más importante, si somos conscientes de ello. 


La mayoría responderemos que nosotros pasamos, que nos da igual lo que piensen los demás, que nos sentimos libres para hacer o decir aquello que nos venga en gana... Ahora bien, miremos dentro nuestro, miremos con atención y  honestidad y dejemos de engañarnos de una vez por todas. A todo el mundo en menor o mayor medida, le importa lo que las otras personas digan u opinen de nosotros. El punto de inflexión es como y cuanto nos condiciona ese pensamiento. 

Todos y todas de alguna forma buscamos la aprobación de los demás, encajar en el conjunto social y para ello es importante que se nos tenga una consideración, por lo tanto que estemos y nos sintamos cómodos con la opinión que los demás tengan de nosotros.


Si probamos de contestar a las siguientes cuestiones, encontramos:



  • ¿De donde parten nuestros malestares cuando dependemos en exceso de la opinión de los demás?
Dependemos de los demás porqué no se nos ensenó a fiarnos de nosotros mismos, no se nos dejó ensayar el acierto error sobre las cosas comunes y mundanas; se nos guió diciéndonos cuando sentarnos, cuando hablar, cuando pensar y cuando opinar. Llevado al extremo y sin dejarnos desarrollar nuestra intuición, aunque esa fuese errónea. Nos hemos convertido en dependientes de la opinión de los demás sin tener en cuenta la nuestra propia, sin fiarnos, perdiendo la confianza en nosotros mismos.

El malestar general se centra en la continua búsqueda de la felicidad, aquella a la que se nos ha obligado a buscar incansablemente. Si somos buenos ciudadanos, si acatamos leyes sin rechistar sean injustas o no, si seguimos los patrones marcados en todo lo que hacemos, si seguimos dietas de moda o compramos las emociones que nos intentan vender con los productos anunciados en televisión, si educamos según lo establecido, etc. pensamos que con ello vamos a encontrar la felicidad, se nos abre un abanico de posibilidades para no sobresalir y estar en paz dentro de un circulo cada vez más y más pequeño. Pero nos olvidamos que con quien hay que estar en paz es con nosotros mismos, haciendo lo que creemos justo, aunque la justicia institucional no nos acompañe en ello, sintiéndonos libres de equivocarnos sin temor, educando con el corazón y  no con lo que toca academicamente y por edades, escogiendo nuestro estilo de vida, aquel que nos satisface a nosotros, aquel que nos conviene y sin temor a perder nuestra reputación, sin miedo al que dirán.


Tomando estos pasos estamos más cerca de lo que llamamos felicidad o compromiso y responsabilidad con nosotros mismos ya que habremos tomado las rienda de nuestra vida, por cierto la única que tenemos...
  • ¿Porqué erróneamente tenemos esa necesidad?
Porque no sabemos hacerlo de otro modo. El condicionamiento al que hemos estado expuestos, no nos permite la valentía de expresarnos tal y como sentimos así, como tampoco nos permite hacer lo que realmente nos apetece. Preferimos quedarnos en el lado seguro, no destacar si no es para algo garantizado, algo que muy probablemente nos va a salir bien. Sentimos en nuestro cogote los ojos sociales que nos evalúan constantemente y no podemos defraudarlos, no podemos ser quienes somos realmente, no nos queda otra que ser lo que  pensamos que quieren los demás , o eso creemos...
  • ¿Cuáles son las consecuencias?
Nos volvemos inseguros, ello hace que nuestro autoconcepto y autoestima vayan a la deriva dudando constantemente de nuestras decisiones y elecciones. Perdemos la capacidad crítica, perdemos la capacidad de pensar por nosotros mismos, nos situamos dentro de un círculo que vamos estrechando cada vez más, dejamos de reinventarnos, de soñar, de crear, dejamos de vivir plenamente para pasar nuestra vida segura, monótona, aburrida, esperando no hacer nada que pueda mellar nuestra falsa felicidad y seguridad y lo que es más terrible de todo ello, nos lamentamos por nuestra patética vida y culpamos a los demás y a la vida misma por no habernos dejado ser, por no habernos dejado hacer. Es en sí mismo un sin sentido, un chiste de mal gusto del que encima nos reímos y acabamos diciéndonos entre risas:- y yo que puedo hacer... 

Fuente: Ana Balanzá

lunes, 19 de octubre de 2015

Tener los pies en el suelo

TENER LOS PIES EN EL SUELO




Una frase comúnmente utilizada, verdad? Somos muchas las personas que oímos que deberíamos ser más realistas sobre lo que pensamos o sobre nuestras posibilidades. Conocidos, amigos y familiares, nos dicen que nuestras ideas parecen utopías, que deberíamos tener más los pies en el suelo y admitir que las cosas son así, que son muy difícil cambiar o prácticamente imposible.

Pues bien, quizás tengan toda la razón, pero solamente en algunos aspectos. Por ejemplo, cuando hablamos de que las cosas son difíciles de cambiar, nadie lo niega, estamos en una sociedad donde nos solemos encontrar limitados en muchos aspectos, es difícil, aunque no imposible.

Para movilizar a las personas hacia un cambio debemos encontrar una motivación basada en los principios que rigen su vida. No sirve hacerlo por miedo o por obligación, cada individuo debe realizar el cambio porque cree que es lo correcto, para sí mismo y para los demás. 
Cuando esta introspección pasa a ser un modelo de vida,  una brújula que nos aleja del conformismo, nos estamos acercando y materializando el cambio al que queremos alcanzar. 
Lo podemos llamar ideal, utopía, locura... Pero todo empieza a girar y a movilizarse entorno a aquello que deseamos, en aquello en lo que creemos. 
Sin darnos cuenta nos encontramos, que al abrir los ojos y creer que las cosas las podemos cambiar, reinventar o crear, estamos construyendo una utopía, pero no solo mental, sino real. Las utopías son necesarias y en ellas encontramos el ingenio, la innovación...Así como las estructuras que surgen de un  pensamiento social  común y que estamos descubriendo.

Si nos conformamos con todo cuanto nos rodea y no somos un poco utópicos, de ese tipo de personas que siempre piensan en mejorar, no solo lo de los demás, sino también a sí mismas,  quedamos instalados en la inmovilidad, la pasividad, el aburrimiento y el conformismo. Nos auto-encarcelamos en lo existente, sin perspectivas de un futuro mejor.

Grandes personajes de la historia nos han mostrado a lo largo de los tiempos que todo empieza por una idea y que después, esa idea se va construyendo, va tomando forma, hasta llegar a ser real. A muchos de ellos los llamaron locos...Quizás, se nos olvidó que existe  la mejora de aquello que construimos o inventamos ya hace tiempo y, que como todo, necesita una adaptación a los cambios, a las necesidades sociales, a las diversidades existentes, a la sociedad y a nosotros mismos. O que es mejor empezar de nuevo y rescatar todos las experiencias anteriores y construir de nuevo...quién sabe...

En este último paso, cuando alguien dice que debemos tocar con los pies en el suelo, yo suelo darles toda la razón, ya que para mi esta expresión contiene la mejora, contiene la utopía, la superación, la libertad de elección... 
De otro modo, como se pueden tener los pies en el suelo?, resignándose que nada puede cambiar?, sin sueños?, sin ideales?...
Me considero privilegiada cuando pienso con claridad que todo, TODO lo creado por el hombre puede ser mejorado, puede ser reelaborado y todavía poseemos la capacidad de invención. 
Me sentiría muy triste pensando que no puedo aportar nada para mejorar  el presente ni el futuro. 
Así que por mi parte, voy a seguir teniendo los  pies en el suelo y agradeciendo a todos cuantos me rodean el detalle de recordármelo...

Fuente: Ana Balanzá

jueves, 13 de noviembre de 2014

Necesidad de aceptación, protección y atención en la pareja

Cómo trabajar la necesidad de aceptación, protección y atención en la pareja



¿Por qué al estar en pareja se exacerban las carencias afectivas? ¿Será que las relaciones afectivas producen dependencia emocional? Tal vez.

Es que estar en pareja -se dice- es como tener en forma constante un espejo enfrente, donde se refleja sin velos y con mayor amplitud, el estado emocional íntimo que cada persona tiene.
Entonces, que surjan estas necesidades de reconocimiento por parte del ser que se ama, formarían3 parte del repertorio natural de cualquier relación y que parte de cómo fue la relación con los padres. Bueno o malo, sano o enfermizo dependerá de la intensidad con que se busquen y de las carencias personales que vayan apareciendo.

Francisca Parrado, psicóloga de la Clínica Dávila afirma que en el estado de enamoramiento se tiene la ilusión de que el otro completa las carencias y necesidades porque se vería en el otro, el reflejo de sentirse completo.
“Luego, con el paso del tiempo, quienes no han tenido el proceso de conocerse y aceptarse en sus propias carencias, tienden a sentir que el otro les priva de cierta forma de afecto”.
Esas personas serían dependientes y manifiestan dificultades emocionales, incluso anteriores a definir las propias necesidades. “Al igual que lo hace un bebé, pretenden que su pareja reconozca sus necesidades y las cubra sin siquiera mencionarlas. No tienen conciencia de la intensidad de sus demandas y manifiestan severos problemas para reconocer los límites o el nivel de saturación que provocan en otros”, sostiene.
Es decir, piden atención y confirmación de que lo están haciéndolo bien, pero no saben exactamente lo que quieren ni tampoco son empáticas con el otro, lo cual puede terminar agotando una relación.

¿Qué necesitas de mí?
“Querer aceptar y ser aceptado, proteger y ser protegido, atender y ser atendido, deben ser aspectos aprendidos, internalizados y experimentados a lo largo de la vida para poder comprender lo que queremos y considerar al otro, como un legítimo otro y no como una extensión de nosotros mismos y por otra parte, nos ayuda a desarrollar la seguridad y confianza en nosotros mismos”, reflexiona la psicóloga Jessica Piña de Clínica Vespucio.
Para ella, el asunto solo se volverá conflictivo cuando la relación gira en torno a esas necesidades y no se permite al otro (pareja, amigo, pariente, etc.) compartir tiempo y atención en nada ni nadie más.
Entonces para no caer en relaciones enfermizas, la psicóloga Francisca Parrado propone preguntarle al otro, qué necesita de mí, y expresar y pedir directamente lo que se necesita.
“En ambos casos cabe la posibilidad de una negativa, la que no hay que asumir como una confrontación o rechazo, sino a veces simplemente como los límites del otro”, sostiene.
Otra forma que aconsejan será evitar las comparaciones con los otros, porque cada persona es un individuo diferente con cualidades y habilidades diferentes a las propias. “Quizá alguien sea mejor en un tema, pero uno mismo es bueno en otros, y eso se debe tener presente y reforzarlo, porque eso ayudará a darse cuenta de que se es capaz”, afirma Jessica Piña.

En esa línea, ambas aconsejan revisar y desarrollar la autoestima, teniendo claro que uno es como es y siendo consciente de cómo se trata a uno mismo. Observar los diálogos internos y preguntarse, ¿son cariños o solo palabras ofensivas las que utilizo?
En definitiva, insisten en autovalorar más lo que se tiene, en el aspecto físico como emocional, y no pensar ni entramparse en lo que no se tiene.

“También resultará interesante atreverse a desarrollar ciertas tareas o actividades que se cree que no se puede hacer. Hay que probar y eliminar la palabra ‘no puedo’ y cambiarla por un ‘no me resulta’. Eso ayuda bastante para evitar la autolimitación”, aporta la psicóloga Piña.

Fuente:http://www.emol.com/tendenciasymujer/Noticias/2012/01/08/22167/Como-trabajar-la-necesidad-de-aceptacion-proteccion-y-atencion-en-la-pareja.aspx

miércoles, 12 de febrero de 2014

Emocions i consum

El consum i les emocions


La relació entre les persones i els objectes i els llocs sovint és saturada d'emocions. Publicistes i venedors evoquen deliberadament emocions a la seva audiència per tal d'incitar-los a comprar els seus productes i experiències. Els estats emocionalsacompanyen el desig o l'anhel d'algun objecte que encara no hem adquirit o d'alguna experiència que ens agradaria provar. Els objectes s'utilitzen per alterar estats emocionals o estats d'ànim promovent relaxació o excitació. Alguns objectes actuen de mediadors en les relacions sentimentals entre les persones. Enrolar-se en certes activitats d'oci és un recurs per viure emocions intensament, una oportunitat per la gent de superar per un moment les normes, les constriccions i l'auto-control, encara que de manera col·lectiva i controlada. 
A un nivell més fonamental, a través de l'apropiació incorporem els objectes en la nostra subjectivitat amb el consum, amb l'ús diari i amb la memòria.
 La relació emocional que tenim amb aquests objectes implica la seva antropomorfització ja que els investim de les mateixes emocions que tenim amb altres persones o si més no, tenim per ells la mateixa classe de sentiments i de vincles i patim igualment si els perdem. 
Els espais i els llocs estan profundament entrellaçats amb la nostra vida emocional i podem desenvolupar forts vincles amb ells. Ens aboquem en les nostres coses i en els nostres espais i llocs que habitem mitjançant els quals ens movem i viceversa, les coses els espais i els llocs ens conformen, fan els nostres cossos i les nostres emocions.

Lupton, D.(1998). Emotions,Bodies, Selves.
The emotional self. A sociocultural exploration London: Sage. (pp. 165 i 166)