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Reflexiones
Estos últimos años están siendo como una montaña rusa en descensos vertiginosos y subidas interminables. Las emociones van y vienen en un sin fin de sentimientos confrontados. Y es que querer a alguien con cierta edad y distintas patologías médicas tiene estos inconvenientes. Se le suma que en vida exterior a esa burbuja sin tiempo que es la enfermedad, sigue y en ese hilo infinito, también ocurren cosas que pueden hacernos reflexionar sobre la vida y la muerte.
Recientemente, a mi alrededor ha muerto una persona con al que no compartía demasiado, solo se trataba de esos conocidos de vista que se suelen saludar por educación. Este chico sin quererlo ha dejado a su mujer y dos niñas encantadoras que tendrán que seguir viviendo sin su padre. Me ha dolido en cierta manera que el cáncer se haya llevado tan injustamente a esta persona dejando a su familia rota por el dolor. No puedo más que encender una velita, de esas del IKEA y desearle desde mi humilde posición buen viaje.
Por otro lado, la enfermedad sigue a mi alrededor, de momento perdedora. Aunque quedan muchas batallas por librar todavía parece que queremos o imaginamos ver esa luz tranquilizadora.
Pero finalmente nos damos cuenta, como el caprichoso destino elige quien se queda y quien se va. Así que ¿para qué preocuparnos si no está en nuestras manos?
Ojalá fuese tan fácil, ¿verdad?
Autora: Ana Balanzá
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