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lunes, 21 de febrero de 2022

Dias de lluvia 



Autor: pixabay.com

Una vez en un taller que realizaba para un grupo de mujeres de encuentro y crecimiento personal, se planteó una duda sobre el comportamiento humano frente a los problemas. La mayoría afirmaba que si tienes un problema  debes estar orientada a resolverlo hasta conseguirlo, ya que si no puede terminar reconcomiéndote. El debate surgió cuando una de las asistentes preguntó- ¿Y si ello no tiene solución?, ¿Que hacemos entonces? 
En ese momento hubo un largo silencio y después de unas miradas y unas risas se me ocurrió contarlo así:

Cuando surge un problema, algo que nos inquieta o nos incomoda. Lo primero es analizarlo y  buscar una solución para eso que nos causa malestar o inquietud. Si tras meditarlo vemos que no tiene solución, o que la solución es a muy largo plazo, que es un acto o situación que no depende de nosotras, que no está en nuestras manos poder solucionar, lo mejor es observarlo como si se tratara de un día de lluvia.

Es decir, cuando tienes planeado hacer algo que te apetece mucho, te levantas de la cama con ganas e ilusión, miras por la ventana y con toda la decepción del mundo ves que vas a tener que cancelar tus planes. Por mucho que te pese y por muy decepcionada que estés. 

Al principio sentirás que todo es negativo y que no entiendes como te pasa a ti eso. A ti que llevas planeándolo tres meses, ese encuentro, con todos los detalles y ganas que le habías puesto… Sentirás decepción, impotencia e incluso rábia. Estas decaída y te sientes abatida. Estas afrontando el hecho que tus planes no van a salir como tu querías. En esta fase pueden pasar varias cosa: Que te quedes en casa lamentándote de tu mala suerte, con un pensamiento en bucle que te hará estar enfadada y frustrada durante todo el día o dias. Que pospongas la salida para otro día, adaptándote a la nueva situación. Que la modifiques para hoy, buscando soluciones alternativas y adaptadas a la nueva situación.

Todas las alternativas son válidas y nos harán cambiar el rumbo de lo que teníamos previsto, pero en ocasiones, las cosas no suceden como queríamos o deseábamos y tendríamos, para vivir con mayor tranquilidad, adaptarnos a los “días de lluvia”, es decir, a que las cosas no suceden como habíamos previsto ni en el orden en que las habíamos pensado.

Visto así, todas en el grupo,  fuimos pensando que podemos adoptar una mentalidad plástica y cambiar el rumbo de nuestras emociones negativas. Aquellas que se producen cuando algo no sale bien, cuando algo no es como esperábamos, o existen dificultades en nuestro día a día.

Se trata de afrontar, adaptarse y seguir, sin sentir remordimiento o culpa, más bien pensando que lo decidimos es lo mejor y por ende lo correcto, almenos para nosatras mismas y aunque quedarse lamentando es una opción, creo que no es la que nos situa en un plano adaptado ni inteligente.

Todas nos fuimos de aquella sesión intentando adaptarnos a este mundo cambiante y no exento de dificultades y decisiones.  Pero quizás con una mirada esperanzadora y con la certeza que la decisión final siempre está en nuestras manos.

En sesiones posteriores todas comentamos soluciones alternativas a la inmobilidad y nos retroalimentamos en la busqueda del bienestar personal y al mismo tiempo colectivo.


lunes, 23 de agosto de 2021

El gato y yo


Imagen: https://ar.pinterest.com/elbalopez36/gato-negro-dibujo/

Un día paseando, vi a un gato tumbado en la acera frente a un portal. ¿Estaba el gato tomado el sol?, ¿había el gato dejado su séptima vida en esa acera? El observar al gato tumbado, inmóvil, sin saber que es lo que le pasaba, me intrigó muchísimo, así que di un fuerte chasquido con los dedos para ver si reaccionaba y hacía algún movimiento. En silencio, después observé que ni una brizna de su pelo blanco se había movido. Pensé lo peor, seguramente le habría dado un golpe de calor, una caída fatídica des del balcón o un infarto, no sé, el gato parecía muerto, allí tendido sin más, en medio de la acera. Se me ocurrió antes de tocarlo dar un grito y una palmada para estar completamente segura que ya no pertenecía a este mundo. Que realmente el pobre gato había muerto. Tampoco obtuve ninguna respuesta del dichoso gato. Mi intriga se estaba transformando en una opinión fundamentada que verificaba, que lo que tenía frente a mi, era un difunto gato que se merecía una sepultura más digna que esa fría acera. Me convencí de que debía ocuparme del tema, ya que era yo la que lo había encontrado, así que me deshice el nudo de la chaquetilla que llevaba anudada a la cintura para poder envolver al felino y evitar un contacto directo, pues también cabía la posibilidad que hubiese muerto por alguna enfermedad infecciosa. De ese modo me decidí a cogerlo. Me acerqué para tirarle la manda mortuoria por encima y cuando le rozó su pelo escabechado, dio un brinco y salió corriendo como alma que lleva el diablo. El corazón se me iba a salir del pecho, tuve que poner las manos sobre él para calmar la ansiedad y temor que sentí. Mis ojos se quedaron abiertos como platos mirando la vigorosidad con la que el presunto cadáver había salido de su estado catatónico para causarme casi un infarto. El gato merdoso casi me convierte a mí en la difunta. ¡Vaya susto me causo!


Más tarde, indagando sobre el tema, una vecina me informó que el gato venía a comer algunas sobras, frente a su portal cada mañana y después se tumbaba a tomar el sol. También me dijo que era una gata y no un gato y que hacía un año la habían atropellado y dejado sorda. Me explicó que no entendía como todavía seguía viva la pobre...

Ya ves, lo equivocada que se puede estar al observar, juzgar y formarse opiniones en temas que no conoces...

¡Aquí lo dejo!


jueves, 4 de junio de 2020

Las miradas



Todavía creo que nuestro mejor diálogo ha sido el de las miradas ...

Nos robaron las sonrisas, las expresiones faciales. Ahora solo podemos mirar a los ojos de las personas e imaginar que expresan, que nos quieren decir con ellas. Entramos en un proceso de observación, donde perdimos una parte importante de la comunicación no verbal. perdimos la expresión global de la cara y la sustituimos por una mascarilla que nos empaña la emoción de lo que pretendemos decir o expresar a los demás.

Hoy en día se puede pasear por la calle e ir hablando solo, se puede mascar chicle con la boca abierta, se puede tirar besos, se puede sacar la lengua, se puede caer la baba, incluso se puede ir mordiéndose los labios. Todo queda camuflado tras el disfraz. 

Hemos perdido la expresión facial y con ella una parte que es la expresión emocional, ya que nos cuesta identificar el estado de la persona que tenemos enfrente, en la cola del supermercado, en la entrada a una tienda, en el cruce de miradas callejeras, etc. Es decir, si está triste, si está sonriendo o esta con morros. Ahora solo podemos ver los ojos y aunque dicen que los ojos son la expresión del alma, quizás hemos dejado de ver el reflejo de su significado.

sábado, 16 de mayo de 2020

Adaptación al medio

¿Nos cuesta adaptarnos?


Es curioso que la mayoría de las personas, por no decir todas, cuando se acerca el cambio de estación, por ejemplo, de la primavera a verano, guardamos la ropa más gruesa y de abrigo y ocupamos los cajones del armario con ropa mas fresca y vaporosa, para los días de mas calor. Es un trabajo que no nos cuesta ningún esfuerzo hacerlo e incluso nos ayuda a mantenernos al día de las tendencia de la moda. 
Nos obliga a deshacernos de aquello que se nos ha quedado anticuado, grande o pequeño y en ese momento hacemos una revisión de como estamos físicamente a comparación del año anterior. También nos ayuda a hacer una previsión de las compras que haremos durante esa temporada.



Pues bien, una cosa tan simple y tan práctica como es hacer el cambio de ropa según la temporada del año, supone una invitación a una adaptación al medio que hacemos sin ninguna dificultad. Lo tenemos archivado como una necesidad de cambio en correlación a las necesidades de temperatura. Es decir sentimos que el calor se acerca y nos adaptamos. Así de sencillo.


Sería deseable poder adaptarnos así de fácil a todas las sensaciones que nos produce el medio y tener las herramientas para cambiarlo, sin ni siquiera pensar en ello como una búsqueda de soluciones. Intentaré explicarlo con ejemplos: si tenemos sed, bebemos agua, si tenemos calor, nos desabrigamos, si tenemos hambre, comemos. Todo ello, son sensaciones físicas que nos dan pistas de lo que el cuerpo nos pide, de lo que el cuerpo expresa como por ejemplo cuando nos suenan las tripas por hambre, nos queda la boca seca por sed o sudamos por calor. Tenemos una representación física del cuerpo que nos empuja a tomar decisiones para poder saciar las necesidades expresadas. 

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando la expresión de esas necesidades no es visible? quiero decir, ¿que ocurre si solo nosotros podemos notarlas? Por ejemplo como  ocurre con la ansiedad o con el estrés. Está demostrado científicamente que existen una substancias en nuestro cerebro que se modifican según la emoción que sintamos y tienen mucho a ver con las que ya conocemos, la dopamina, la noradrenalina, el cortisol.... Podemos considerar que la segregación de una substancia y no de otra cambia nuestro estado y capacidad de afrontación e interacción con el medio. Así ocurre cuando sentimos miedo a ser juzgados por terceros, estamos potenciando una emoción, el miedo que es creada por la percepción de que nos están juzgando y eso nos aterra ya que nosotros mismos no nos consideramos válidos. Esa interacción con el medio y esa falta de capacidad de afrontación, nos produce entre otros ansiedad y frustración, así que las substancias que segrega nuestro cerebro podemos considerarlas acciones fisiológicas que nos producen manifestaciones físicas, el cuerpo nos envía unas señales que hacen que nos pongamos en plan de alerta, sudoración en las manos, tartamudeo, retraimiento, temblores... pero bien al contrario a las anteriores, estas no somos capaces de resolver con tanta eficacia. Es un acto innato y de pura supervivencia atender a las cuestiones mas físicas como la sed, el hambre, el calor o el frío. Pero atender a las cuestiones psicológicas de alguna manera también tendría que considerarse de supervivencia ya que muchas de ellas entrañan dificultades que pueden empujarnos  a acabar con nuestra vida, así seria el caso de una persona que sufriendo una depresión grave llegó hasta el suicidio, terminando con su vida.

https://bloghogar.com/
Modificada: Ana Balanzá

Quizás la clave sería incorporar una educación basada en el conocimiento del propio ser, de la propia persona, de lo que ocurre por dentro y se manifiesta por fuera mas allá de las necesidades básicas de supervivencia. Quizás nos daríamos cuenta que las personas podemos adquirir habilidades para aprender a  gestionar el estrés o la frustración de una forma mas eficaz para nosotros mismos y los que nos rodean. Quizás no deberíamos esperar a que estrés se convierta en nocivo o el miedo en una fobia o la tristeza en una depresión. 
Quizás podríamos preocuparnos para saber adaptarnos igual como lo hacemos al cambio de ropa, de una forma natural a los cambios del entorno y del medio. Quizás la educación debería formar a personas con la capacidad de adaptación mucho más amplia mediante el conocimiento del funcionamiento interno físico y por supuesto psicológico. 


Pero claro, todo ello se enmarca en una visión personal que lo que pretende, es la reflexión y al mismo tiempo generar ideas, fomentar la visión crítica constructiva de lo que es la educación de las personas en su vertiente mas amplia. Todo ello con un quizás y una esperanza de cambiar la visión que tenemos sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea.


Ana Balanzá

Que bien se está en casa!

En estos tiempos de incertidumbre que nos ha tocando vivir, nos están alejando de lo que habiamos planificado al inicio del 2020, nuestros objetivos, nuestros planes, nuestras metas...etc. Así mismo, nos ha alejado de nuestros hábitos y rutinas, no solo en lo personal, si no también en lo social. Cosas tan sencillas como cruzarnos con alguien por la calle se han convertido en un hábito poco saludable y peligroso que se  transforma en miedo, miedo al contagio de algo que difícilmente podemos controlar. Aún así, persiste la necesidad de abrazos, caricias y reencuentros con los nuestros a los que echamos de menos cada día. Y es que somos una cultura de contacto, de vermut y cervezita, de abrazos y besos. Todos y todas estamos renunciando a mucho por salvaguardar nuestra propia vida y a de los demás y esto es un gesto que nos define y habla por nosotras mismas.

Desconozco totalmente si hemos tenido oportunidad de control sobre lo que esta pasando o no y llegados a este desconocimiento la verdad, es que tampoco pienso que sea determinante para poder encauzar nuestra vida, hacer cualquier otra cosa que no sea seguir las recomendaciones de los especialistas, los epidemiólogos me parece un salto al vacío sin paracaídas.

En nuestra vida anterior, quizás  algunos, estaban enfrentado batallas que ahora ven como lejanas, improductivas, con perdida de importancia. Es más, los problemas de antes los vemos ahora como simples dificultades.  Otros en estos momentos estarán tomando decisiones de cambio y habran aprovechado este tiempo de confinamiento para la reflexión y para enfocarse en los cambios que desean hacer cuando todo esto termine. 
Cuando tomamos decisiones, debemos analizar todo cuanto nos rodea, poner los pros y los contras en una balanza y hacerlo de una manera consciente y responsable, sin caer el utopías ni catastrofismos. Frente a este análisis nos situamos cara a cara con la difícil tarea de decidir, con la ansiedad que nos puede producir equivocarnos tomando malas decisiones y todo ello, se puede estancar en nuestro pensamiento llevándonos a anticipar situaciones aterradoras, que no harán otra cosa, que mermar nuestra salud haciéndonos enfermar.
La ansiedad anticipatoria, nos sitúa en un futuro incierto lleno de caos en el que todo es preocupante y oscuro. En el bucle ansioso, nos nos sentimos asfixiados en el extremo más estrecho y nos dejamos absorber por nuestros pensamientos más destructivos. Dicha ansiedad que anticipa  y predice la catástrofe futura, no nos deja ver ni el presente, ni el aquí y ahora. Así mismo, nos cierra la puerta a vislumbrar alguna luz, alguna señal positiva futura. Estamos intaurados en un autoengaño que nos comprime sin saber si ciertamente pasara lo que estamos prediciendo. 
Este pensamiento, hace que nos preocupemos en exceso y de forma irracional,  frente a las dificultades que vemos que se nos acercan y que no podemos combatir. Ello no nos ayudará. Pero si es cierto, que estar preocupado es legítimo y más en esta pandemia que estamos viviendo.

Siendo realista, después del confinamiento, habrá personas que se queden sin trabajo, negocios que verán su decapitación cercana, asociaciones sin subvenciones y una vez más, una profunda brecha entre la pobreza y la riqueza. 

Nos quejamos de estar en casa. Todos por norma general tenemos ganas de salir y recuperar nuestra libertad  pero, sin animo de ser catastrófica, vamos hacia una dificultad mucho mayor que  la de quedarse en casa, ella, no es mas que la antesala a la crisis social,  financiera y económica que se avecina. Debemos estar serenos, sin ansiedad,  preparados y no pecar de ingenuidad, ya que sabemos que a lo largo de la historia las pandemias han dejado una gran huella a su paso, o más bien dicho un profundo surco: lo primero la cantidad de muertes con las que se ha cebado y después la desolación y la decadencia de haber absorbido parte de la energía humana y la económica del país y de los estados. 

Con todo ello y sin ánimo de ser cruel, esta pandemia a la que de momento estamos sobreviviendo, no va a ser como un temporal de lluvia y viento, que también lo hemos pasado y casi olvidado, esa enfermedad que nos ataca con tanta dureza va a dejar una herida por cicatrizar que nos va a llevar tiempo y esfuerzo curar. Pensar que cuando termine el confinamiento todo va seguir donde lo dejamos, puede causarnos esperanzas, pero en el fondo, todos sabemos que no es cierto. Lo dejamos en un punto y cuando regresemos vamos a estar en otro, si en que podemos volver al punto, claro está. Como antes comentamos, las utopías pueden hacer tanto daño como el catastrofismo. Una posición realista y generando nuevos horizontes, en mi opinión, es la más adaptada a estos tiempos extraños. Ser realista a veces es ser cruel. Siempre he preferido la verdad y ¿tu?.

Por ello, cuando escucho la frase "ya queda menos", en vez de alegrarme me recorre un escalofrío por la espalda, por que si, queda menos para alejarnos del colapso hospitalario, para alejarnos de un contagio masivo, para salir a la calle. Pero también, para enfrentarnos a una nueva realidad que se esta dibujando y de la que nadie habla, la vuelta a la normalidad no va a ser  tan normal, no podemos volver a lo que ya no esta, no podemos volver a lo que ya no nos espera o donde ya no hay cabida para nosotros. La vuelta a la normalidad va ha estar repleta de retos, de modificaciones y de lucha, sobretodo para los mas vulnerables, los colectivos que mas sufren cuando todo falla.  

En una ocasión escuché que "la crisis agudiza el ingenio". Bien, pues anticipemonos a ello y vayamos innovando, ya que la que se avecina va a ser todo un reto humano. No para volver a lo de siempre, no para volver a reconstruir lo que de alguna manera nos ha destruido, sino que esta pandemia nos brinda la oportunidad de construirlo algo nuevo, de cambiar el presente y también el futuro  para no caer una y otra vez, en la creencia errónea de que la economía mueve el mundo. Somos tu y yo quienes lo movemos. No lo olvides  

jueves, 9 de noviembre de 2017

La importancia del miedo en nuestra vida

La importancia del miedo en nuestra vida

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Imagen: John Kenn Mortensen

La simple palabra  "miedo" por si sola, espanta. Solo con oírla nos ponemos en modo "escape" o preparados para ello. Es una emoción primaria a la que geneticamente estamos preparados y que gracias a ella nuestros descendientes  lejanos y no tan lejanos salvaron sus vidas (peligro-miedo-escape)   

El miedo propicia respeto hacia lo desconocido, implica que el sistema central nervioso, active nuestros músculos,  la circulación y acelere el ritmo cardíaco para estar en disposición de activarnos frente a sucesos que percibimos como peligrosos y que requieren una puesta en marcha inmediata, predisponiéndonos a la acción.

Estamos suficientemente preparados para sentir ese tipo de miedo predisposivo y que cuando es adaptado  nos ayuda a movilizarnos frente a determinadas circunstancias. Se trata de una emoción, aunque desagradable, útil frente a distintas eventos. Por ejemplo, cuando vemos un coche circular  a alta velocidad, nos paramos o movemos hacia un lugar seguro, cuando gritamos a alguien al que vemos en peligro inminente: Cuidado!, cuando huimos o nos apartamos de un animal que nos parece peligroso,cuando tenemos entre manos un proyecto importante, o una responsabilidad y el miedo a no poder terminar en el plazo correspondiente no hace exigirnos más, ser más rigurosos...etc.

Ahora bien, que ocurre cuando ese miedo no es por acontecimientos que se producen a nuestro alrededor si no que se gesta dentro de nuestra cabeza y se manifiesta con pensamientos internos infundados, pensamientos futuristas a lo que sucederá, pensamientos sobre lo que los demás puedan opinar sobre nosotros, pensamientos sobre como nos tratarán o como podremos adaptarnos si no somos capaces o suficientes, pensamientos  y más pensamientos que se alimentan de nuestros miedos, de nuestra inseguridad entre otros muchos factores y que crecen apoyándose en experiencias pasadas propia o ajenas.

Difícil cuestión solucionar lo que todavía no ha pasado y tampoco sabemos con certeza si sucederá. Cuando todos esos pensamientos circulan por la cabeza sin destino y se repiten incesablemente, insistentemente y prolongadamente sin poder ofrecer soluciones, es cuando se produce la temida ansiedad, que es un miedo constante, sostenido en el tiempo, que nos hace estar en alerta permanente, sin descanso, siempre en vigilia, siempre expectante. 

Ello conlleva una serie de efectos negativos sobre nuestra salud, físicamente podemos notar una serie de molestias que pueden pasar de leves a agudas, dependiendo del nivel de ansiedad con el que vivimos y traduciéndose en posibles somatizaciones de nuestro estado emocional.  Nos notamos cansados tanto físico como emocionalmente y no nos permite llevar una vida dentro de los parámetros de la normalidad. Se trata de un miedo constante que se instaura en un plazo de tiempo prolongado convirtiéndose en ansiedad persistente.

En definitiva se trata de una enfermedad, que puede  ser transitoria o permanente pudiendo (si no es tratada) transformarse en depresión. 


La ansiedad, ese miedo sostenido, no debe permanecer latente por un espacio de tiempo prolongado, debemos solucionar aquello que nos perturba y construir esquemas mentales que nos proporcionen soportes nuevos para poder hacer frente a los miedos que no nos dejan ser libres. Para ello es muy necesario, en ocasiones, cuando no disponemos de recursos propios para vencerla, buscar ayuda, invertir en salud. Es salud mental y física de lo que estamos hablando. Ya que la ansiedad prolongada daña nuestra calidad de vida en muchos aspectos y facetas así, como la de los que están a nuestro alrededor. 



"Frente a las dificultades que no podemos superar solos, es de valientes levantar la mano y pedir ayuda"


Asociada a la ansiedad encontramos patrones de comportamiento tipo evitativo entre otros, lo que nos aleja a poder superarla. De forma consciente debemos romper los patrones rígidos de pensamiento, las frustraciones pasadas y todas las distorsiones cognitivas con las que hemos vivido hasta el momento y afrontar situaciones de "riesgo controlado" que nos permitan corroborar que nuestros miedos, son en gran parte infundados, por lo que no hay necesidad de evitar aquello a lo que no tememos ya que debemos percibirlo de forma no peligrosa. Para ello, se necesita el compromiso personal, la implicación de la persona que padece ansiedad y un entorno comprometido a ver al individuo como una persona vulnerable a situaciones diversas a las que la mayoría puede considerar como inocuas. El soporte del entorno es de vital importancia y esta lleno de significado al no dejar a la persona con trastorno de ansiedad solo/a afrontando sus miedos.



Como acostumbro a decir, la teoría siempre es clara y concisa, expuesto no parece tan difícil y puede incluso ponerse en entredicho que la persona esté realmente enferma y no sea más que una escusa o una "trola" para no hacer... Nos podemos incluso comparar y no entender el significado del miedo sobre esa situación en la que el sujeto ansioso se paraliza y no puede seguir sus actividad. Pero realmente sucede y la persona deja de tener un funcionamiento adaptado para pasar a una desadaptación que lo perjudica tanto personalmente como socialmente.


Tener consideración por las personas con trastorno de ansiedad es humanizar, es no discriminar negativamente por ser distinto, por no ser como la mayoría, por no sentir como la mayoría. Si realmente queremos ayudar a una superación real, la sociedad debe estar más informada, debe poder incluir y facilitar y no excluir y dificultar.



"Las sociedades cambian, las personas cambian, pero juntos todo se transforma mejor."


fuente: Ana Balanzá




jueves, 27 de abril de 2017

MIEDO

MIEDO


Miedo a la soledad
Miedo a perder 
Miedo a no poder
Miedo al que dirán
Miedo a fracasar
Miedo a no ser suficiente
Miedo a no valer
Miedo a ser menos
Miedo a no ser aceptado/a
Miedo a la incertidumbre
Miedo a no ser querido
Miedo a no ser un buen/a padre/madre
Miedo a fallar
Miedo a no saber
Miedo a comenzar
Miedo al miedo
Miedo a ...

Cuántas veces hemos pensado que tenemos miedo...cuántas veces nos ha paralizado sin dejarnos avanzar, cuántas veces hemos pospuesto un tema pendiente por escuchar esa "vocecita" que nos dice todo lo malo que nos puede suceder, todo lo que podemos perder, todo los riesgos que vamos a correr, todas y cada una de las posibles equivocaciones que vamos a cometer....etc.

Muchas personas nos dicen: "debes superar tus miedos", "eso a lo que temes no tiene importancia", "como puede condicionarte eso"...etc
Que listos verdad?, Si fuese tan fácil hacerles caso, probablemente, habría "gente sin miedos", personas valientes que comenzarían proyectos nuevos, que se dejarían querer y querrían más...En definitiva la mayoría de personas que se sienten paralizadas por sus miedos viviría más felices. 

Pero esa felicidad entraña un trabajo personal difícil y largo, un crecimiento interior, una exploración hacia el interior de las estructuras mentales que nos condicionan y nos hacen pensar en miedos paralizantes. Si fuese fácil, si fuese rápido, si fuese sencillo, no habría personas estancadas en  los miedos. 
Romper esos lazos va más allá de los consejos de las personas, que de buena intención nos dan. Ellos/as no sienten lo mismo, no llegan a comprender lo frustrarte que es no poder hacer frente a determinados miedos. Así que, aunque se agradece el cariño con el que nos indican el camino, primero tenemos que hacer un largo viaje acompañados/as por esos monstruos feos que no nos quitan la vista de encima y  cruzar el bosque, escalar las montañas, cruzar los ríos y llegar, finalmente al camino.

Fuente: Ana Balanzá
http://anabal925.wixsite.com/anabalanza/mi-trabajo